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Informe
Chocolaterías
Negocio en expansión

La calidad del cacao venezolano motiva cada vez más a emprendedores que buscan adentrarse en el versátil mundo del chocolate artesanal, un producto que permite preparar desde postres hasta productos con fines estéticos

26/02/2010.

Cecilia Domínguez / Luis E. Baralt
Fotos: Luis E. Baralt


Definitivamente el chocolate se ha convertido en una importante fuente de negocios que no sólo genera empleo y rentabilidad, sino que además aporta uno de los placeres más agradables que puedan experimentar los más exigentes paladares. El placer es tan extremo, que inclusive genera una sana adicción, todo gracias a su inigualable sabor, aroma y textura.
Desde hace mucho tiempo el negocio del chocolate se ha ido expandiendo en todo el mundo. Setenta por ciento del cacao, su ingrediente principal, se obtiene de África ecuatorial, donde países como Costa de Marfil y Ghana dependen en gran medida de sus exportaciones a los principales países fabricantes de chocolate: Estados Unidos, Suiza, Alemania, Reino Unido, Francia y Brasil.

Venezuela tampoco se queda atrás, siendo catalogado como uno de los mejores productores de cacao del mundo. Tanto es el boom del chocolate en nuestro país, que a mediados de este año se realizó en Caracas la primera edición del Chocco Venezuela 2009, evento organizado por la Cámara de Comercio Venezolano Italiana (Cavenit), en donde se dieron cita infinidad de cacaoteros, chocolateros, consumidores e invitados especiales, para rendirle homenaje al producto estrella del cacao.

¿Quién entonces mejor que Venezuela para aprovechar su propia materia prima y dedicarse al arte de fabricar chocolates con calidad de exportación? Eso es lo que han venido haciendo industrias como Chocolates El Rey, uno de los fabricantes más antiguos del país; La Marcona, fundada en 1968; Chocolates St. Moritz, con una trayectoria que data del año 1989; Chocolates Savoy del grupo Nestle; entre otras.


De lo industrial a lo artesanal
Adicionalmente, la tendencia indica que cada vez más seguidores del chocolate se suman a convertirlo no sólo en bombones sino en un suculento negocio.

Tal es el caso de los ingenieros Paolo Pichler y Antonio Santangelo, artífices de Cacao Ávila, empresa especializada en la manufacturación de chocolates sin azúcar, quienes apuntan al público sensible a la ingesta de glucosa. Cacao Ávila eliminó el azúcar y la grasa y complementó su fórmula con ingredientes nutritivos y que además son tolerados por los diabéticos.
Otro aporte a la tendencia chocolatera se encuentra a 100 kilómetros de Caracas, donde el cacao ofrece toda su versatilidad en más de 60 variedades. Allí, en Birongo, 19 artesanos crearon la Asociación Civil Chocolates La Flor de Birongo (Choflobir), dedicada a la elaboración y comercialización de chocolates Premium, funcionando en un centro de producción -diseñado y construido por la Fundación Empresas Polar- adaptado a las exigencias propias de la elaboración de chocolate.


Más fino
Por su parte, Kakao se especializa en bombonería fina para clase A, experimentando con sabores típicos del país en combinaciones arriesgadas. Es un emprendimiento cuyo motor inicial fue un grupo de chefs venezolanos (María Fernanda Di Giacobbe, Luis Alejandro Aguilar, Héctor Romero y Sumito Estévez)  y  que hoy pertenece únicamente a Di Giacobbe. La marca tiene alianzas con cadenas de farmacias, sucursales en distintas partes del país y hasta una asociación con una disquera homónima.

En el caso de La Praline, se trata de un negocio familiar iniciado por los esposos Van den Broucke, de Bélgica. Atraídos por nuestro cacao, estudiaron en Amberes con un maestro chocolatero y luego acondicionaron un taller en su casa de Caracas. Posteriormente adquirieron una fábrica y montaron una tienda. Hoy en día el negocio es atendido por Rosermy y Brian Van den Broucke, quienes continúan la labor que los padres de éste iniciaron hace más de 20 años. “Somos una compañía familiar. Sabemos quiénes somos, no estamos buscando abrir en el exterior ni vender los bombones en panaderías. Nos importa más guardar nuestro nombre y calidad que ser tan expansivos, porque nuestro concepto es muy difícil de multiplicar”, alega Brian.

En el caso de Sander Koenen, luego de rebotar desde su Holanda natal a Venezuela y Chile, este maestro chocolatero y pastelero, hijo y nieto de chocolateros, se estableció definitivamente en Caracas. Dice que su negocio busca una mezcla entre lo clásico europeo y la influencia venezolano-caribeña. El negocio de Sander ha crecido y se ha diversificado gracias a sus conexiones con terceros. Distintas empresas le han pedido asesoría en bombonería. Abrió su primera tienda en Iskia de Las Mercedes y ya cuenta con puntos de venta en Antiquity de El Hatillo, en la Cuadra Gastronómica de Los Palos Grandes y en el Centro Comercial Galerías Ávila.


De la casa al mercadeo
Anabella Arcay también cayó en la tentación del chocolate y se dejó seducir por la bombonería. “Hacer chocolates no es nada fácil”, confiesa la empresaria que ha hecho de su nombre una marca brillante. Arcay Chocolate comercializa sus productos por encargo y en la tienda Mokao, ubicada en el Centro Comercial Paseo El Hatillo-La Lagunita. “Quien venda estos bombones tiene que ser alguien que reconozca la calidad, por eso la exclusividad para esta tienda y para el Rey David. Más adelante espero montar una tienda propia, pero voy paso a paso”, expresa la empresaria.

Y desde lo alto del picacho de Galipán en El Ávila, llegan también al público los bombones de Nela Moser, fundadora de Picacho Chocolate Artesanal. Sus productos se encuentran en restaurantes de la zona y en algunos kioscos. También se distribuyen en Caracas por pedidos, sobre todo para regalos corporativos y eventos sociales. Para Moser el chocolate es como “la conquista de algo muy delicado. Tienes que pasar mucho tiempo para entenderlo porque es un trabajo de mucha práctica. Antes de abrir Picacho, estuve año y medio practicando en la cocina de mi casa viendo cómo se comportaba, probando diferentes marcas y sabores”.

Del mismo modo Susana e Isabel García Nevett, arquitecta la primera, politóloga y periodista la segunda, baten el chocolate desde Latitud 10 Chocolatería Artesanal. “Todos sabemos que el chocolate venezolano es el mejor del mundo, pero no nos conocen como bomboneros. ¿Por qué no podemos ser excelentes en bombonería también? Entonces, más allá de que son la competencia, nos parece buenísimo que haya muchas chocolaterías nuevas… Es muy chévere que haya un movimiento nuevo para hacer buenos bombones”, asegura Isabel García.

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