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Entrevista
Jorge Redmond, Presidente de El Rey
Más que un Gran Cacao

La empresa chocolatera El Rey arriba a sus 80 años, está en plena expansión e imprime su “marca real” con cacao venezolano premium. Presidir al monarca implica expandir sus dominios.

13/10/2008.

No en vano el nombre botánico del cacao es Theobro-ma (que significa alimento de los dioses). El choco-late, que de él se deriva, es un manjar con múltiples propiedades y que ha tenido una significación especial en nuestra historia, desde los famosos cocos de cacao que se usaban en la colonia para servirlo en bebida, hasta las versiones más refinadas de este producto.


Venezuela, aunque ya no se sustenta económicamente de la exportación de cacao, ha conservado un alto consumo de chocolate y un estrecho vínculo cultural con éste. Jorge Redmond, presidente de Chocolates El Rey y de la Agropecuaria Aprocao, nos revela las condiciones de este mercado en la actualidad.


 


La joya de la corona


En el siglo XVII nuestra nación llegó a encabezar la lista de países productores de cacao en el mundo, los personajes importantes o con título nobiliario eran llamados “grandes cacaos” y hasta su grano fue unidad monetaria. No obstante, hoy en día Venezuela se limita a ser un productor marginal de este fruto, pues aporta alrededor de 0,6% del total mundial.


“En tiempos de la independencia éramos el productor de cacao más importante del mundo, hacíamos 25 mil toneladas al año y hoy sólo 14 mil”, ratifica Redmond, quien adjudica la caída a tres razones a lo largo de la historia contemporánea: el auge de la exportación del petróleo, las dos Guerras Mundiales y la intervención del Estado en la comercialización.


Desde que en 1929 Carmelo Tuozzo y José Rafael Zozaya fundaran lo que desde 1973 se conoce como Chocolates El Rey C.A., esta empresa trabaja para procesar cacao nacional con estrictos estándares de calidad y sin mezclarlo con otros tipos del fruto. La marca proclama ser “El Rey de los chocolates hecho con El Rey del cacao”.


Su máximo representante comenta que están al tope de su capacidad, manejan 4.000 toneladas anuales de productos y se encaminan a la ampliación y afianzamiento de su participación en el mercado masivo.


Sus plantas se ubicaban en Caracas, pero se trasladaron a Barquisimeto en 1995. “Nos mudamos porque ya la contaminación estaba afectando al producto. Nos dimos cuenta de que debíamos prepararnos para competir, porque de lo contrario seríamos una empresa más que desaparecería. Construimos esa planta nueva, agregamos una línea de fabricación de chocolate, modernizamos lo que teníamos y resolvimos dedicarnos a ser una empresa competitiva en Venezuela y el mundo”, reveló Redmond.


Reinar en la pequeña Venecia


En 1975 (durante el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez) sólo se podía comprar cacao al Fondo Nacional y no directamente al productor. “Eso se tornó engorroso entre la burocracia y el precio por kilo, que perdió referencia frente al mercado internacional”, alega Redmond y explica que en 1990 ese monopolio quedó sin efecto, pero ya la producción nacional había mermado considerablemente, y aún es un reto rescatarla aprovechando la fama que tiene nuestro cacao en el resto del planeta.


Adaptarse a la condición inestable de ese mercado interno ha sido uno de los méritos de El Rey: le ha valido gran pres­tigio internacional como exportador de licor, manteca y polvo de cacao destinados a la elaboración de chocolate, y como proveedor de pastelerías, hoteles y profesionales de la gastro­nomía y restauración en Venezuela, donde además produce la bebida Taco.


Otro mérito mayor es el de haber extendido por Venezuela el hábito del consumo de chocolate premium. “Se pensaba, y me incluyo, que el chocolate era una masa dulce y con mucha leche, que sabía a cacao. Pero es mucho más que eso, hay condiciones y sabores involucrados en el cacao venezolano que tratamos de llevar a la gente para que los conozca y disfru­te. Hemos logrado cambiar el paradigma”, asegura Redmond y agrega que ya el consumidor local revisa el porcentaje de cacao y tiene más conciencia del producto que adquiere.


Se trata, no obstante, de un cambio lento y progresivo logrado a través de la promoción de catas y la difusión de información acerca del chocolate y de las bondades de su fruto de origen. “En la medida en que la gente comprueba que sabe distinto a lo que conocían como chocolate, se preguntan por qué no lo habían probado antes… Nosotros también hemos promovido catas como parte de nuestro esfuerzo de mercadeo”, comen­ta el empresario.


Incursionar en el mercado masivo exige condiciones como adaptar la cadena de distribución a un producto que no con­tiene aditivos pues, como explica Redmond: “Para muchos, distribuir chocolate es como vender papas, pero esto requie­re acondicionamiento de los camiones y por eso tardamos varios años educando para que el producto se cuide. Debe exponerse en sitios donde no haya cambios drásticos de tem­peratura, por tanto no está disponible en kioscos, queremos que el consumidor sepa que cuidamos que lo reciba en las mejores condiciones”.


A pesar de haberse dedicado a un mercado exclusivo, El Rey ha crecido 20% y eso lo convierte en competencia indirecta de otros chocolates comerciales, con la ventaja de que ya la empresa tiene prestigio como proveedora del food service y suplidora para toda la industria galletera y heladera nacional.


“Hemos demostrado que cuando uno quiere hacer las co­sas lo que necesita es trabajo. El consumidor define a El Rey como un producto que, siendo venezolano, representa algo de primera calidad; en la empresa nos identificados con esa expresión y nos satisface superar las exigencias de los consu­midores en todo el mundo”, argumenta Redmond. A su juicio, tras obtener y consolidar el éxito en un área, la empresa está explorando otra para la que considera que tiene mucho po­tencial. La incursión en el área de consumo masivo ha sido, por tanto, “un proceso evolutivo natural”.


La empresa ha editado libros y recetarios, además de recopi­lar impresos para disponer de una biblioteca abierta. “Descu­brimos que para extendernos en el tiempo debíamos ser un factor de crecimiento y de promoción de la cultura cacaotera nacional… Tenemos responsabilidad social desde mucho antes de que estuviera de moda, pero no hacemos esas co­sas para promocionarnos” alega Redmond.


Dedicarse a este negocio en Venezuela tiene la ventaja de que nuestra nación, como afirma el empresario, “era cono­cida por el cacao en el mundo mucho antes que por el pe­tróleo”. No obstante, como el mismo vocero sostiene: “Hay que rescatar eso, para producir más y mejor cacao y exportar cada vez más, no el producto en grano, sino los derivados del mismo”.


Para Redmond, es condición indispensable que se adopten conceptos de desarrollo de los que, a su juicio, lamentable­mente nos estamos alejando “porque no se piensa sino en cómo mantenerse en el poder, y eso es absolutamente con­tradictorio con lo que quiere y necesita el venezolano común hoy en día”.


Podría decirse que no es sencillo ser profeta (y menos Rey) en la propia tierra, sobre todo si está sometida a rígidos con­troles del Estado. Redmond lo expresa tajantemente: “Desde que entró este Gobierno al poder, empezó un ambiente hacia la empresa privada que se torna cada vez menos amigable. Estamos viviendo con eso y trabajando en función de una etapa posterior a ésta y no pensando en el día a día de hos­tigamiento”.


Entre venezolanismos


Gozando nuestro cacao de tal fama en el mundo, El Rey ha ratificado su majestad como icono de la excelencia del cho­colate criollo, y está por relanzar sus barras “Piropo” y “Joro­po”. También aportan insumos y marca para el Mc Flurry Icoa de McDonald’s.


“Tenemos una base muy sólida sobre la cual decidimos construir una plataforma internacional. Nuestro mercado local sigue siendo el más importante desde el punto de vista de ventas, pero todos los años incrementamos la participación y el posicionamiento en el mercado internacional”, concluye el presidente de El Rey.


 

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